JOAN DIDION

El año del pensamiento mágico 






La muerte, uno de los temas esenciales de la literatura, se nos acercó hasta el costado en los días posteriores a la pandemia y alguna de las frases que nos trajeron también a Rilke, tenían la esencia del símil del giro de todo un siglo, para contribuir a nuestro oficio de terminar un libro con la premonición de nuestro propio fin. 
“Mi forma de escribir es mi forma de ser, o la forma en que he acabado siendo” 
Nos cuenta Joan Didión la norteamericana en este texto, que nos hablará de la muerte de su esposo e hija en diversas circunstancias que la hicieron ingresar en el extraño torbellino del dolor como un delirio, que acepta ejercer como magia, para soñar con su regreso. Porque el significado de la comprensión de los sucesos fueron palabras, oraciones y párrafos que no le aclararon la esencia de lo que le había sucedido, por lo que necesitaba mucha cinematografía, muchos retratos del recuerdo para ser editados en la interminable película de lo normal, dentro de su compartido oficio como guionista con Jhon Gregory Dunne su pareja. 

Luego de pandemia la escuchamos por la vía del cine y nos propusimos encontrar su libro y dentro de él, el imposible de separar su relato de la vida normal que pretendíamos llevar también con nuestra pareja y sus padres, en aciagos días y meses que nos signó la parca delante de nuestros ojos en las múltiples afecciones como accidentes cerebrovasculares, soplos cardíacos, el mismo Covid 19, los miomas, la enfermedad mental y el cáncer, que tuvimos con nosotros o al costado cuando quisimos cambiar el delirio de la ciudad helada y detenida, por la esperanza de una cálida tierra que era de donde habíamos salido.

 “En mitad de la vida estamos en la muerte” 
 “La vida cambia en un instante” 
 “Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba” 
  “La muerte siempre nos avisa con antelación” 

Porque mientras su hija en coma detenía su tiempo en una UCI, su abrumado esposo interrumpía su última cena para corroborar que estaba en lo cierto cuando ya sabía de qué iba a morir y se dobló presa de un infarto masivo y repentino, lo que la remitió a ese estado en que todo se borra y las convicciones o ideas que pudieran haberse fijado por la experiencia sobre la muerte, la enfermedad y la probabilidad que bulle luego del suceso cuando vamos de un extremo a otro de nuestra existencia para decir, si hubiera hecho tal cosa… 
Atrevernos a resolver, a comprar nueva casa y que quien sobreviva la disfrute, aún sin el otro. 

Pero ellos, eran escritores y compartían y escuchaban la voz del otro, acostumbrados a confiar mutuamente. 
Y por eso lo veía ahora muerto viéndola realizar las cosas que debía hacer, evitando la escenas y el llanto, porque él la estaba viendo actuar, como cuando admitió su autopsia, pero sin haber aceptado aún que había muerto imbuida en todos los cómos y porqués de la guionista. 
Como la mujer fuerte que la gente debe imaginar. Era probable su salvación aún. 
“Solo el hombre que agoniza sabe cuanto tiempo le queda” 

 La muerte del padre o madre da tristeza y soledad pero se la espera. La del ser querido no es igual. “Carece de distancia” 

Y esas son oleadas que estallan, paroxismos, premoniciones. “El dolor mental”. 
La noticia en un periódico fijaba definitivamente la realidad. No quería, no creía esa noticia definitiva. Intentaba que fuera una noticia reversible. 

 “Era el principio del año mágico” 

Cuando la pareja aún no cede a la realidad de que su pareja no volverá. Así no regale sus zapatos aún, porque entonces, si mágicamente regresa qué se pone. 
Durante el duelo el sujeto que lo sufre experimenta un estado maniaco depresivo que debe superar. Por eso se hablaba de la pena moral. 
Se infantiliza el cerebro, el deseo intenta cambiar el resultado. No aceptar las noticias necrológicas le permitía desear su regreso. No podía obsequiar sus zapatos, menos sus ojos si los donaba, ¿porque entonces como iría a regresar? 

Poca literatura habla del duelo por la muerte del ser querido. Y de ésta manera, en primera persona menos. Mann lo refiere. 
Hay deficiencia en el sistema vital que nos hace irracionales, porque se trata del apego de un par esposos. Nos cambia el sistema endocrino, inmunológico, nervioso, cardiovascular, shock, incredulidad.
La insensibilidad nos hace perder la capacidad cognoscitiva. Se abandonan los libros, las labores, como si se padeciera de un cáncer, no somos capaces de resolver ni un crucigrama. 
Es un duelo patológico porque se pierde la dependencia, el placer el apoyo y la autoestima. Se da una necesidad, la de mantener vivo al ser amado y la rabia se hace irracional. La muerte actual es vergonzosa y prohibida. 
“Se rechaza el duelo en público”, porque no ha de reducirse la diversión de los demás. 
La pandemia en cambio nos tuvo cerca, cara a cara, en casa con la muerte asomando por la ventana. 

Y eran dos seres queridos, una la hija con neumonía entubada en una UCI, y el fulminante infarto de su marido. Duros eventos cuando vienen en más de dos, o como dicen los chinos, las cosas malas vienen de a tres. 
Era navidad y los dos seres más queridos estaban en la clínica. Uno cadáver, la otra luchando. 

Esa pérdida se traduce en vulnerabilidad, desnudez, indefensión que hace invisible a quien la padece como si se cruzara la laguna Stigia y se entendiera con la diosa hindú Sati, que la felicidad marital es la logevidad. 

Entonces se llega a minimizar el valor de lo que se ha escrito. 

Y la hija que se recupera de la neumonía y al descender del avión para viajar a recuperarse sufre de una embolia y el asunto se torna a microcirugía cerebral. 
Se piensa como solución acudir a la literatura especializada. 

 “La información es control” para llegar a deducir que la pupilas dilatadas, es la oscuridad, la negrura impenetrable de la muerte cerebral.
 “Pupilas mediátricas” “El tiempo de la protrombina INR, la coagulación” 

La gente de éxito es la que tiene fe absoluta en su propio talento. Controlador de los acontecimientos. Más por encima de eso los acontecimientos se suceden. Así se llegue a estudiar hasta Neurocirugía, se llegó a vestir de bata blanca, cual médico porque era poderosa e influyente.

 “Todo está yendo normal y cuando uno menos lo espera se va todo a la mierda” 
“¿Porqué siempre necesitas tener razón? 
 El acto de lidiar con el dolor, requería atención. 
“Al morir él, dejé de tener sueños” Porque a veces al amanecer se contaban lo que habían acabado de soñar.
Esta es una obra dolorosa pero muy sincera desde el punto de vista de una gran escritora. Que admite que hasta se puede llegar a sentir lástima de sí mismo: 
 “Nos pasábamos veinticuatro horas al día juntos” 
 “El matrimonio es memoria y es tiempo” 
 “Cuando lloramos a nuestros seres queridos también nos estamos llorando a nosotros mismos” “Mientras escribo esto, me doy cuenta de que no quiero terminar ésta crónica” 
 “Sé por qué intentamos mantener con vida a los muertos: intentamos mantenerlos con vida para tenerlos con nosotros” 
Pero al final deben dejarse ir. Dejarlos muertos. 

 “Dejar que se conviertan en la fotografía de la mesa” 

Invitados a leer éste libro, ahora, cuando se ha alejado la pandemia que al igual que Rilke no lo mató un siglo antes, sino otra enfermedad, un cáncer del que no quiso nunca saber su nombre. 

Marco Polo 
Altillo de Villanova 
Bogotá D.C. 
20 Agosto de 2024.

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