martes, 29 de marzo de 2016

NATHANIEL HAWTHORNE

La letra escarlata




(Pecado, derecho y subversión femenina)

Por éstos días adquirí la versión en película, de La letra escarlata, de Win Winders. Que es su primera película.
Me pareció bastante simple, pese a querer estar ceñida a la novela.
Debí rebuscar la versión donde Demi Moore, apasionada en su interpretación y pese a no seguir la literalidad de la obra, recrea con suficiencia, al personificar la heroína y que viene a cuento en éstos días en que pretendemos elevar la lucha de la mujer en la historia universal.
Ésta como un emblema femenino.

Nathaniel Hawthorne nacido en Salem y que renegara de su antepasado, ese que llegara a quemar 19 mujeres por brujería, un puritano en plan de reivindicación, se sumerge en su cargo burocrático, tedioso y gris para sacar de él los supuestos manuscritos del inspector Pue, que contarán la historia que relatará a continuación y que justificaría su trabajo allí como nos lo hace saber en “La aduana” la introducción a la novela.
Si, Hawthorne es la base de la literatura norteamericana, con Melville y Poe, su nacimiento como escritor, son sus cuentos y la cima, la novela que tratamos.

Se trata de una mujer migrante, joven y pura que al ser abandonada por su marido, cae en la necesidad de los placeres y es seducida por su propio cura con el que ejercita su natural e ilícita pasión, siendo descubierta al momento de parir una hija sin la presencia del padre y por ello llevada a un juicio público de machos obtusos, que pretenden que la mujer señale su amante. Ese preciso día regresa su esposo al pueblo y se mimetiza como el médico, quien asume su propia venganza, ubicándose en secreto muy cerca al cura para procurar su desaparición, intimidando a la mujer a no contar su regreso.
Así se produce la venganza del esposo. Y se carga a la mujer con su pecado y el del cura y encima se estigmatiza la inocencia de la hija, que pese al señalamiento seguirá siendo la dulce Pearl.
La historia se resuelve con la altivez y diafanidad de la mujer, que pese a su castigo sigue viendo su debilidad, como una cualidad de lo humano en su género y no se arredra para mantener su cabeza arriba y ubicar a su hija por encima de tanto prejuicio, sin que puedan llegar a quitarla de su lado, como fuera la propuesta, por ser hija del pecado y portadora del mal.
Si bien la historia sería casi inconclusa porque ameritaba un castigo para los hombres de igual catadura a la que son capaces de imponer a HESTER PRYNNE, la de llevar sobre el pecho la letra “A” roja, como señalamiento de ser adultera. El castigo del reverendo Arthur Dimminsdale su amante, es la manifestación pública de su pecado al final en el mismo patíbulo donde la mujer en el juicio inicial, no lo señalara como el padre de su criatura y la mágica aparición en su pecho de otra letra A tatuada en la piel viva, que pudo ser provocada por el poder ponzoñoso del esposo(Roger Chillingworth) o por la  auto tortura que se infringiera, y que provocara su muerte que podemos imaginar como deseemos, producto del mal del marido o producto divino como a muchos puritanos nacionales les agradaría.

El tratamiento es el de una leyenda, como lo es Nathaniel Hawthorne, puritano y predicador, quien llegó a nosotros con sus cuentos fantásticos de brujas y mujeres de magia negra y que no puede deshacerse de su capa puritana para referir en  este cuento la historia norteamericana, desde el punto de vista de la fábula que coadyuve purgar de su religiosidad la mancha y el pecado oscuro del ejercicio que como reverendo y cura representante de una sociedad podrida, su ancestro fue capaz a nombre de la iglesia, de quemar mujeres y estigmatizar aún la maternidad por el lujo machista de culpar a la mujer de las atrocidades que el deseo y el adulterio sólo señalan como pecado en la mujer.
Contado como una leyenda, éste cuento pretende poner una cura de teología a la putrefacta religiosidad ignara de un grupo que se enquistó en la cultura norteamericana para proseguir en la oscuridad de sus vestidos, ostentando la severidad aparente de la hipocresía quemante de la lujuria, tan elemental en lo humano.
Engaño, venganza, traición unidos en un trío de los mas extraños seres, una joven y hermosa mujer, un cura joven y un viejo olvidado, el esposo.
La mujer se supera con el castigo. Pero el cura debe soportar la viva venganza de quien ignora, es su vil rival.
La mujer pese al castigo llega a ser  una reina de la luz y la justicia, con la belleza juvenil de cualquier mujer. La madre, al parir con dolor y la adalid de la liberación femenina que no permite que las simples costumbres religiosas hundan en la oscuridad la pasión real de la mujer, su derecho a la vida y al placer y la dureza de triunfar sobre la ignominia del castigo injusto. Amo y defiendo a ésta mujer que ama la claridad por encima del pecado.
La unidad de ésta obra, nos permite recomendarla a todas nuestras féminas y varones machistas, que aún no saben lo insubstancial del pecado, frente al derecho y la libertad.

Marco Polo
Altillo de Villanova

Bogota, Enero de 2016.

lunes, 21 de marzo de 2016

Maria del Socorro Tuirán

UNA TERTULIA EN BOGOTA



En reciente tertulia el 24 de Febrero de 2016, en el occidente bogotano, convocados por Eugenia Castaño, departimos con María del Socorro Tuirán Rougeon una sicóloga colombo-francesa, novelista y poetisa.
Allí nos reunimos con Jesús María Stapper, Isaac Lamprea Yepes, Hernán Bolívar, Agustina, Lis, Saoko y otros, en casa de Bárbara Arcila Valdés y recibimos de la Barranquillera María del Socorro sus novelas, El sentido de su vida y ésta que ahora reseñamos:


Entre idas y venidas



Una joven colombiana resuelve viajar a Francia contradiciendo a su padre, pero con el corazón partido.
En todos sus viajes aéreos, luego de casada, rehace su película de recuerdos.
En uno de sus últimos regresos o idas, comienza a escribir esos recuerdos que entrañan su vida.
Pese a que el narrador lo hace en tercera persona, se añora el cuento  desde el punto de vista del interior del narrador, como esa confesión que nos hacemos viendo pasar las nubes. Si persona significa máscara en el teatro, creemos que la tercera persona encubre y disuelve más la bondad de la inmediatez. Eso obliga recrearse en el rostro de Amira Torino que nos cuenta la historia de una colombo-francesa con la grave escisión que entraña el adoptar una nueva patria, un nuevo idioma, pero sin poder deshacerse del interior. Ese relato que nos bulle a diario y con mayor certeza por el país originario que es el único que provee de descripción y nostalgia. Su verdadera patria. La infancia.


                                                                                                               En la tertulia

Es probable que muchas apreciaciones hayan quedado en el tintero, pero lo fundamental, lo dice la escritora narradora desde el avión en que remienda su pasado con descripciones que llegan a veces a ser poéticas porque rescatan su patio trasero. Por ello creemos que el texto a veces es enumerativo y no penetra mas allá de la epidermis del narrador. Allí es cuando nos surge  la posibilidad de lo añorado arriba. La frescura entonces, la aporta la necesidad espontánea de aportar la palabra sincera y comparar a un país con otro.
Uno lucha por el respeto y la libertad, el otro esconde su soledad en la abrumadora solidaridad.
Los poemas de su padre y la memoria de su viaje a Francia cierran el libro con una segunda sutil añoranza.


En la tertulia

Marco Polo
Altillo de Villanova

Bogotá 15 de marzo de 2016

viernes, 4 de marzo de 2016

Andrés Caicedo




Que viva mi música

Si amamos la música y la salsa en especial y no sabemos bailar o tirar paso , lo único que nos salva de esa falencia es la creación de un personaje que lo haga. En este caso será la SIEMPREVIVA en contradicción con su deseo de morir joven y de ser quien lo reemplace en el arte de azotar baldosa.
Igual, si no puedo hilar una frase por mi tartamudez, lo mejor es no intentar la locución si carecemos de la disciplina de Demóstenes.
Peor, si “Mi cuerpo es una celda” y no puedo salir huyendo, debo escapar hacia dentro, porque corren los años setenta.

Para mí que ésta mona se llama Andrea y no María del Carmen Huerta.

El texto es un afectado resumen del surgir de la Salsa en Cali, por la barriada de los malevos y los drogos que terminan asesinando a nombre de la libertad a los mismos gringos, de quienes cantaron sus canciones en inglés por el arribismo clasista.
Entonces es la cultura de una clase media, pobre, relacionada con los drogadictos de dinero que a su vez se relacionan con cierta clase media hacia arriba y con músicos que no producen sino ganas de “meter” marihuana, cocaína, pepas, LSD y hasta diazepan y hongos.

Es un cuento de locura. La psicodelia usada para narrar, no para cantar.

Un testamento de desamparo, de carencia de identidad, de necesidad de desaparecer, pero no dejar de ser niño. Lo cual es poético.
El monólogo a veces es volátil como la música. Otras sectario, al afirmar que solo su gusto es lo mejor. “quiere imponer hasta la miseria por el hecho de ser autóctona”. Amar a los Rolling, pero aún mas, despreciarlos por Brian Jones a quien considera su fundador y “monito bello”. Lo demás no es nada. Su falta de seguridad lo impulsa  al final a cantar para siempre una frase de la canción de su interprete mas odiado de forma inconsecuente: “Lucerito porque has perdido tus raros encantos, en la tierra, allá muy lejos escucho tu canto”.
Será porque la música no es paisa, ni colombiana, ni cubana y solo “es nuestra” por los interpretes nacionales.
Debemos reconocer que su estilo es muchas veces descuidado y pese a estar usando una jerga caleña, se notan las improvisaciones  erróneas del lenguaje.
De política ni fu ni fa.
Señalar como burguesa a su personaje es la demostración de su carencia de herramientas sociopolíticas, que no compensan el anunciar la lectura en tres medios días, de El Capital  o la alusión al segundo libro mencionado, “Los de abajo” de donde saca su gramo de cocaína.
Es ridículo.
Los burgueses sabían inglés y María del Carmen estaba condenada a ser ignorante y solo desplegar el color de su cabello, pero no fue a Harvard, ni Cambridge ni Oxford. Y los Hispanos, Graduados y Corraleros de Majagual no eran ni serán jamás el símbolo de la burguesía colombiana.
Al final la voz de “la Mona” se pierde y la reemplaza el ambiguo Ricardito autor.
En sus últimas páginas, esa voz es borrada, la de la Siempreviva, para tejer en una serie de “moralejas” una supuesta poética. Que no deja de ser la poética de un cobarde. Porque María del Carmen lo aseguró atrás, “Quiero ser un ejemplo” de esa vida desbarrancada, pero atrevida, de la mujer con más capacidad de resistencia que la de los hombres, que enfrentó hasta el crimen.
No la del que no quiere enfrentar la vida y seguir siendo niño.
Del indisciplinado, de ligar la corrupción a la frescura infantil, para seguir cobrando el cheque de su manutención a los padres, e incitar a la quema de los libros y el cine y  preferir la música, antes que cualquier responsabilidad que se nos exigió tanto a “los culimbos” de la época. Que deben obligarse a no ser parte de ningún gremio para no ser definido. No dejar que nunca te vuelvan mayor, porque siempre debes tener padres que te alimenten. Dar por hecho que nunca lograrás la “normalidad sexual”, nunca existirá la  comprensión del sexo opuesto. Por ello hay que practicar el miedo, el rapto, la pugna, la violencia, la perversión y la vía anal. Y para la timidez la autodestrucción. Muérete antes que los padres y serás Siempreviva.
Frases de una novela que tienen un peso irreal o negativo, para cualquier lector actual, del siglo XXI, donde la misma infancia ha rebasado las barreras sin puerta de los closets de hoy y los supuestos apetitos amorales. Y las leyes que dan vía a la igualdad de los gustos, al matrimonio homosexual y al derecho a heredar y adoptar la ubican fuera de contexto histórico o del atrevimiento y la denuncia y la hacen un llover sobre mojado.

Debemos entonces recurrir a lo exógeno de la obra. ¿A la verdad de las mentiras para señalar su real valor o la farsa mediática?

Es la reedición de su obra a la que hemos penetrado en 2012 y ahora.

Si los años setenta tuvieron oculto su real valor. Si en realidad lo tiene mas de cuarenta años después. Entonces por qué los lectores de aquellos años no aportaron el reconocimiento necesario al autor, en pleno Boom literario que se desarrollaba y ahora reclaman su segunda oportunidad, mas comercial que otra cosa. Similar a tanto negocio con autores muertos.
Cómo no hubo literatos en su época que defendieran “la vida” de Oscar Wilde, de Proust, ni Lorca mucho menos la de Roger Casement. Aquellos rehusaron hasta su saludo.
Aquí, el temor a discrepar de Gabriel García era evidente y hasta tabú, antes que defender una obra contraria al realismo mágico, que lo mantuvo sepultado y en paz.
Porque Mayta, es el primer homosexual revolucionario latinoamericano y marxista, que no podía vivir en la Cuba de Fidel, más homofóbica que el procurador actual y debió hacerlo en las páginas de la atrevida pluma de Vargas Llosa, un real hacedor de verdades de las mentiras.
Hoy, por fortuna, en Colombia contamos con verdaderos maricas valientes como Vallejo y Álvarez Gardeazábal que antes del suicidio, abrieron el closet de sus denuncias para señalar las injusticias nacionales.

Es que en éste evento de la novela de Andrés Caicedo, en apariencia; el autor luego de ver publicada “la obra” se suicida. Contrario a la historia verdadera que prueba que tal atentado contra su propia vida  era el común y corriente de una depresión por las drogas, repetido en dos oportunidades anteriores.
El Ricardito miserable al ser internado en San Isidro, nos informa de su recurrencia y la voz del autor nos aclara definitivamente:

“A eso del 26 de mayo cometí un segundo intento de suicidio: me tomé 125 pastillas de Valium 10 y si no es por mi hermana, que viajó oportunamente de Cali a Bogotá, me toteo. Como 15 días antes me había tomado 25 de las mismas y cortado las venas con toda la seriedad del caso, mi familia decidió internarme. Motivo: cumpleaños No. 25 en septiembre de este año y terribles celos por Patricia, infundados todos, pero es que es la primera vez que me enamoro y la experiencia ha resultado tenaz. Pero bueno, ella me ha visitado dos veces y me llama todos los días y me ama muchísimo y yo ya estoy alejando de mí la idea del suicidio. Llegar a viejitos tocará, hermano”(Tomado de  Felipe Van de Huck, “Suicidio y Consagración”)
Su tercer intento, fue su suicidio. Pero pudo haber sido el cuarto o el quinto.
Con lo anterior queda probado que Andrés Caicedo no quiso ser un santo, ni elaborar un culto, mucho menos ese altar mediático que hoy se pretende desarrollar.
Porque en últimas lo que mas quería, era seguir viviendo y escribiendo así hubiera renegado de la literatura y el cine en su novela.  Es coincidencia lo enunciado en su obra, sobre, que no quiso crecer o definirse. Pero no motivo calculado para hacerse a un nombre de poeta maldito. Y allí vemos su reedición, la propaganda desplegada y una película sobre su novela que no ha gustado mucho por corresponderse un tanto con el libro pese a ser su interpretación.
El agregado de novela de CULTO se lo hicieron sus amigos hoy, no en la época en que se publicara, para hacer de Cali un nicho, como el de la niña Omaira Sánchez en Armero, donde al lado de su tumba se leen, (igual que en El Camino de Santiago por toda Europa, cuyas iglesias se plagan de vísceras de santos y pequeñas lápidas con la frase de) “GRACIAS POR LOS FAVORES RECIBIDOS” de milagros inciertos como los que hace El Renco, el chusmero huilense, desde el cementerio de Neiva.
Uno de sus amigos cercanos, Jaime Manrique, confiesa que no había resuelto su gusto sexual:
(“ vivíamos una sexualidad atormentada. Yo todavía tenía un pie metido en el armario. Le ocultaba mi homosexualidad a mi familia y a muchos amigos). Andrés le coqueteaba a la bixesualidad y actuaba como un adolescente andrógino y asexual(…) Cada una de las veces que nos encontramos a solas le expresé abiertamente la atracción sexual que sentía por él. Para mi frustración, Andrés no estaba interesado, aunque tampoco me rechazaba”(…)
Sin embargo nuestras diferencias, en vez de alejarnos, sirvieron _ya que el sexo no era una opción_  para cimentar un lazo emotivo pasional. La última noche del Festival dormimos en la misma cama en una pensión de Bocagrande. Por horas medio borracho, intenté en vano de hacer el amor con él. Andrés se resistió todo el tiempo, sin perder su sentido del humor. Finalmente me venció el cansancio”
Tampoco y por iguales razones temporales, se debe admitir  Que viva la música” es la primera novela urbana,  porque ese engendro de lo urbano y rural es inocua discusión y las alusiones a su Caliwood no son otras, que Versalles y el parque O´Higgins, el rio Pance, el nortecito, la avenida Estación, Sears, la torre de Cali, el viejo teatro Bolívar y la avenida Sexta, el Panamericanete o el San fercho o el parque de las piedras, Xamundí, o la Cumbre en casi ese órden, que agradecemos traer a nuestros días,  como una simple y llana escenografía para su relato.
El ego superlativo que da la droga, simplemente lo eleva por encima de la SIEMPREVIVA, será para que aunque, muera la música, viva yo.
Marco Polo
Altillo de Villanova

Bogotá Mayo de 2012-15