miércoles, 13 de enero de 2016

EL APRENDIZAJE DEL ESCRITOR



Volver al patio trasero


Mi amistad con él se debió a Seymour Menton, con sus dos pequeños tomos del fondo de cultura económica que me obsequiara una gringa, al volverme ciudadano de éste país, cuando era indispensable ser mayor de  veintiuno. Eran la antología casi ideal del cuento de Latinoamérica bajo el rótulo de “El cuento hispanoamericano  que el antologista incluye en su capítulo Cosmopolitismo, para unirse a la moda, y aseverar con atrevimiento o ignorancia: “Su valor se ha exagerado”.

Allí estaba el “Jardín de senderos que se bifurcan” con toda su propuesta sobre su concepto de la literatura, como detectivesco ensayo, como alusión libresca, como enunciación de una filosofía del tiempo.


Su sola mención me produjo el inmediato veto, dentro del grupo que pretendía salvar el mundo desde el Huila y pasó algún tiempo más, antes de hacer una revista literaria en Bogotá, en que casi no nos publicamos, para sí hacerlo, a Ho Chi Ming o Mayakovski, y por ello ir reuniendo las cuartillas  robadas a la Remington comprada el año anterior en Neiva, cumpliendo el mandato contra su falta de compromiso, y la elección de la carrera que nos permitiera llegar a ser unos seres diferentes de los izquierdicus desadaptadus como llegué a rebautizarnos en una carta a una compañera de Neiva.

Ahora entiendo el por qué del tamaño y contenido de mi primer libro publicado por la Universidad Surcolombiana editado por Hernando Cortés Dussán, que sin ser un opúsculo, es un libro de bolsillo sí, pero pulcro, legible y bien diagramado, que conserva el veto a su presencia literaria, desde el título: “Cartas de GOMA y otras ficciones”.
Seguía el aparente divorcio, pero en el fondo estaba cumpliendo uno de los mandatos que asumiría él, a los setenta años en el libro que entraré a reseñar:

Volver a su patio trasero”.


Un libro póstumo o final, que acabo de leer en estos días, surgido de una cinta magnetofónica que apareció hace poco con el nombre de “Aprendizaje del escritor” refuerza el concepto y dirección de que escribir para un joven.

En el año ochenta y seis luego de su muerte, cuando recibí de otra mujer su obra completa, con esa anécdota, pude escribir una de las historias que más placer me ha dado, mientras la redactaba y que me ha divertido leer luego, como cuando subimos a una montaña y soltamos en un grito lo represado: El libro que era dos.


En aquellos días había descubierto que hasta el joven Borges había asumido alguna vez la revolución.

Sólo hasta finales del 2010 pude debatir sobre ese cuento homenaje, al conversar con Jorge Eliecer Pardo, la apreciación anterior y comprobar con la existencia del poema “Rojo” que todo joven es rebelde.
En El libro que era dos”, me deshago de los prejuicios políticos al momento de escribir  y asumo la obligación a que alude Borges.
Envié por éste medio el poema, al incrédulo, para acordar que no se puede confundir evolución, con actitud renegada.

Hacia 1920, durante su estadía en Sevilla, afiliado al movimiento Ultraista, Borges es un fervoroso anarcosindicalista. Un verdadero seguidor de la Rusia roja. Las lecturas de Max Stirner y el ejercicio vital cotidiano frente a la mayor organización sindical, la CNT que llegaba a reunir 800.000 afiliados, lo conmovieron al punto de llegar a ser un apasionado de la Revolución Rusa, sin convertirse en bolchevique, como lo prueba su poema:



RUSIA

Bajo estandartes de silencio pasan las muchedumbres
y el sol crucificado en los ponientes
se pluraliza en la vocinglería
de las torres del Kremlin
El mar vendrá nadando a esos ejércitos
que envolverán sus torsos
en todas las praderas del continente
En el cuerno salvaje de un arco iris
clamaremos su gesta
bayonetas
que portan en la punta las mañanas.


EL LIBRO QUE ERA DOS, un título que adopté hace poco para una novela, es el cuento que elaboré en homenaje al maestro y que en unos de sus apartes iniciales dice:

“Hace exactamente veinte años odiaba sin razón al personaje siniestro que escribió ese primer tomo y al que estaba vedado leer por orden de una religión con nombre de militancia. Nos contentábamos como argumento con la figura encorvada sobre el bastón, con su ojo derecho semicerrado y sus arrugas que encuadraban su cara despojándola de cualquier posible dulzura. Ello bastaba. Lo demás, lo de su lejano y utópico canto, o su Himno Rojo a la fraternidad de todos los hombres era un hecho tan improbable como la segura oscuridad que también lo azotaría en el futuro. Por lo demás, jamás sabré si conociéndolo en esa época,  hubiera podido encontrarle algún símil con el que fui. En esa época era el otro. Ahora le encuentro tanto parecido, tanta ternura fresca con el que soy que me avergüenza la pequeñez del compromiso histórico que ejercí con la estultez y el dolor del hijo de no haber disfrutado su apacible y profunda compañía. Pero ya es tarde, murió dos meses después, el 14 de Junio, luego de haber recibido como regalo su obra completa."

Ahora aparece un nuevo libro, para hacer parte de ese libro que era dos en el ochenta y seis y engrosar su obra completa. (Ya tengo cerca de 10 tomos como tal)

El aprendizaje del escritor, es un ejercicio académico. Del autor con presuntos o futuros escritores, sus alumnos.
Si buscamos verdades sobre cómo y porqué escribir, Borges nos las trae con la sencillez de siempre al hablar de su obra o de la manera en que ocurrió su elaboración. La oportunidad, la eficiencia al ser exacto al usar su instrumento.

Porque  Casi todo joven escritor rehúye escribir sobre la vida que lo rodea”.

Vuelta libro, la cinta, nos refiere la metodología de hablar sobre su cuento “El otro duelo” el cuento que había sido leído por sus alumnos en la Universidad de Columbia y los mismos debaten con el autor sus secretos y donde el mismo descubre una nueva asunción de su estilo:
Ahora estoy abandonando la erudición, o la falsa erudición. Ahora intento escribir simple, intento escribir historias directas”.

Es cuando resuelve volver a su patio trasero. Es un mundo real el que nos ofrece, no farsa. Enfrenta sus experiencias de vida. Y solo a sus setenta años cree haber encontrado su voz.
Parece que estamos plagiando continuamente

Su forma de conservar la anécdota e irla desarrollando con los años, hasta aburrirse de corregirla y rehacerla contándola de una y otra forma:
“Debo haberla llevado conmigo durante veinticinco o treinta años(…) en la memoria, y he aburrido a mis amigos con ella por años”

Nos aclara sobre el cuento y la anécdota, sobre la realidad y la verosimilitud de la ficción, porque la realidad no es siempre verosímil y los hechos deben narrarse como si el escritor no los entendiera y aclara que el cuento es el dueño de la trama en cambio en la novela lo que importa son los caracteres.

Al asumir que cuenta historias duras y hasta terroríficas en la que busca lo oculto que es el duelo después de la muerte entre dos gauchos, luego de ser degollados, como muchos de sus parientes se hace presente nuestra propia y cruel historia.

Aclara sobre el “Compromiso” que la ficción siempre está comprometida con su tiempo. No con la política. Se es correspondiente con la época que se vive:
Ningún escritor real trató jamás de ser contemporáneo”. Yo creo que el deber de un escritor es ser un escritor, y si puede ser un buen escritor, está, entonces cumpliendo con su deber”

Con meridiana claridad asume el supuesto compromiso como:

“Además, tengo para mí que mis opiniones son superficiales. Por ejemplo, yo soy conservador, aborrezco a los comunistas, aborrezco a los nazis, aborrezco a los antisemitas, y demás, pero he tratado que esas opiniones mías no intervengan en mi labor literaria”(…) Yo he declarado siempre mis opiniones, pero con respecto a mis sueños a mis cuentos, a estos debería otorgárseles, creo, libertad absoluta. No quiero influir en ellos; yo escribo ficción, no fábulas”.

Cuando es interrogado sobre las citas que escribe si son reales o inventadas admite que son reales, porque quiere escribir de otra forma inesperada, y su primer cuento, “Hombre de la esquina rosada” lo que intentó escribir fue un ensayo y luego una argucia, un cuento, y como casi había muerto, entendió que se había salvado al poder seguir escribiendo, porque fue su experimento literario, muy visual impactado por Josef von Sternberg.
Del cual admite, es su cuento mas flojo.

Dice no escribir novelas, porque no le gusta leerlas, es todo un haragán para escribirlas. Dice que su obra mas extensa es su último cuento “El congreso”.

Sobre la poesía, tiene el mismo ejercicio sobre el poema, “Junio de 1968”

Y quiere anunciar a los jóvenes poetas que emprendan primero,
 lo que es común y corriente, con la métrica, que se practique el soneto antes de emprender el camino más difícil que es el verso librismo.
Lo explica admitiendo que es un poema autobiográfico.

Luego el ejercicio sigue con “El guardián de los libros” y “El centinela

“Yo creo  que es más prudente para un joven escritor demorar la invención y la irreverencia por un tiempo y tratar meramente de escribir como algún buen escritor a quien admire”

Luego nos habla del  Doppelgänger donde el encuentro con el yo real, termina llevándoselo.

Al final es un encuentro con el ejercicio de la traducción. Con su traductor Di Giovanni, donde entra en juego el conocimiento del lenguaje oral en muchos de los cuentos de Borges, la negada literalidad y la capacidad de creatividad del que traduce.

“La peor falta de una traducción no es traducir mal una palabra, sino traducir mal el tono o la voz del autor”.

Ser un escritor, ser el que sueña despierto, para vivir una suerte de doble vida.

La literatura no es un mero juego de palabras; lo que importa es lo que no queda dicho, o lo que puede ser leído entre líneas”.

Los invito a asumir la pedagogía de Borges al momento de enseñar a escribir, con éste, nuevo libro que incrementará “El libro que era dos

Marco Polo
Altillo de Villanova
Bogotá D.C.
Diciembre13 de 2015







jueves, 7 de enero de 2016

HUGO MAURICIO FERNANDEZ





Voz de rio.





Hugo Mauricio Fernández. Comunicador Social, contador de historias. Catador de vinos, libros y paisajes. Su trabajo va del rojo de la crónica, al verde del periodismo cultural. 

Su voz de río la tomamos en el momento álgido del calor, desde las riveras de Neiva, allá se escucha gutural el yuma, ahogado de cemento por el Quimbo, mientras sus hijos lloran el sudor del padre, gritando por el MAGOLO agonizante.





Con Lis, fuimos al  encuentro de esa revista que pretende dotar de aromas el desierto.

Hicimos tertulia literaria, mientras los neivanos  departían "Juan Valerios" con jugo de Cholupa en un centro comercial y  nos tomamos una fotografía en plena jornada alimenticia. 

Sin temor al hambre, ni a la palabra, acordamos seguir el juego de gritar con páginas, nuestro regusto a utopias y fuimos a las riveras del rio a  recoger los pasos de unos poetas que ni la tatacoa pudo petrificar.

Neiva Huila, Enero 7 de 2015.

MARCO POLO.
Desde Neiva
7 de Enero de 2015