martes, 27 de octubre de 2015

YESID MORALES RAMIREZ



Entre el color del poema y el paisaje

Hace cuarenta y cinco años conocí a Yesid Morales Ramírez en aquel pueblo que nos lanzó de la Legión de María a la rebeldía y la búsqueda descreída, con  la esperanza que nos propiciarían los libros.

Fue en un pueblo que aún no se llamaba Seminario en mis escritos, pero era el mismo pueblo donde amparado en lo gótico de Poe, pude crear alguna historia desde la fosa de un sepulcro, hasta el deseo de un país menos cruel.

Él tenía que ver con el arte.
Con aquel estudio de la esquina del teatro Alcázar donde un delgado y alegre pintor con nombre igualmente religioso, realizaba con paciencia pincelazos en colores que nos llenaban de asombro.

Luego fue un concurso de cuento.
El primero en que participé y cuyo jurado estuvo conformado por Jairo Mercado Romero un escritor costeño ya fallecido y el poeta del pueblo Yesid Morales Ramírez quien residía en aquella casa contigua a la de unos músicos, signada por una placa que decía, “Aquí canta un tiple”. Los jurados me preguntaron en aquella ocasión, si había leído a Ionesco o Beckett, porque a lo mejor mi escrito tuvo el regusto de lo grotesco para ese pueblo religioso, lo que me reportó el primer lugar.

Luego, mi primer cuento en letras de molde en un periódico de la capital. Y después, dos libros que publicara la Universidad y el Instituto de Cultura del Huila, donde regresé en algún San Pedro y en medio del jolgorio se mostraban libros.
En aquella época el pintor del pueblo ya había ocupado un cargo relacionado con la cultura y el arte y pude saludarlo de nuevo, en esa pequeña feria del libro en Neiva, donde me aseguró: “Los buenos estamos por aquí” y sacó de una fila el segundo de mis libros de cuento. Luego supe de sus exposiciones y de la publicación de varios libros de poesía.

Al presentar mi novela en Neiva, recibí de su mano el libro de poemas, “Monólogo de uno que no sueña”, al final le remití un ejemplar de “Armas de Juego”.

Una palabra virtual me permitió volver de nuevo a su encuentro.
Alguna vez, fue el único escritor huilense que al menos me agradeció por el envío que religiosamente hacía de mis reseñas desde éste blog. Finalmente, me tuvo en cuenta para su exposición privada, en una noche hermosa en casa de Mario Guzmán Perdomo el pasado 30 de Septiembre. La experiencia poética de esa noche la cuenta el video, la reseña de sus dos oficios la traigo así:




YESID EL PINTOR:


Un paisajista de la luz, que ve mas allá del ego.
Puliendo del ripio lo oscuro de lo humano, penetra en su insondable sensación de energía vuelta color, de su paisaje interno procesado, del canto y el deseo de brillo.
Según sus propias palabras, aleja la oscuridad de sí. Dialoga con la mirada del espectador en palabras de colores múltiples que mezclan lo extraño de lo oscuro, con el deseo de hacer transparente la ilusión.
Es ese paisaje que sale del pincel maestro, según el humor del que mira mas allá del cielo, del mar. Diluida la forma, a la manera de un maestro inglés que inspiró a impresionistas.


YESID EL POETA:

La desesperanza inunda al poeta.
La certeza de estar habitado de soledad, de univocidad real, donde han desaparecido los amigos. Es otra su realidad con el paso del tiempo, es otro en lo simple y lo inasible que debió ser mas inútil, menos real.
Su palabra es despedida, es fiesta aletargada, es efímero dolor y dolor del otro.
Su canto es parodia inocente de la tonada de su embriaguez, que reclama el lugar de la utopía. Es victoria ilusa, que es la vida. Repitiendo siempre un coro: El dolor.
Se permite el poeta descifrar su otro oficio, el de pintor y nos dice:



Paisaje

Desde el paisaje
Que no alteran las palabras
Pequeñas aves cruzan el espacio.
Su vuelo,
anhelada forma
que a los ciegos no desvela,
no pregona el movimiento,
es el movimiento.
Y tal vez el código
de un delicado mensaje
que a través de signos y colores
continúa temblando en el misterio


Marco Polo
Altillo de Villanova
Bogotá D.C
Octubre 27 de 2015.





sábado, 24 de octubre de 2015

PABLO MONTOYA

UN TRIPTICO CONTADO CON PINCEL




“Vigor vociferaba, como un poseído, que los acuerdos de paz entre católicos y protestantes eran una tea execrable que terminaría por consumir a Francia. Para él, la paz era una blasfemia, una resignación vergonzosa, una cobardía sin fin. Solo la guerra era justa y la única capaz de extirpar la mancha de la herejía”






Su novela nos cuenta la historia, desde la descripción de los cuadros de tres pintores.

Desprevenidos comenzamos a leer y llama la atención la alerta por remitirnos a un diccionario. Entendemos que es la única forma de ir ubicando con cada palabra la acción en el siglo XVI y las realidades del pintor Jacques Le Moyne.

Nos adentramos en las posibilidades de las masacres indígenas pese a la persuasión purista de Laudonnière, de llegar y levantar en paz un pueblo de los franceses que contradiga la criminal forma de colonizar los españoles.

Peripecias en la creación de un pueblo y acercamiento a los indígenas con buena fe.
El pintor cumple su obligación de ir retratando feliz cada costumbre, cada suceso, como un verdadero cronista de indias a la usanza de los españoles. Mas la crónica es gráfica.
El hambre de los conquistadores franceses en La Florida, produce el único y vergonzoso desafuero. Deben secuestrar al jefe de la tribu mas cercana, a cambio de alimentos.
Luego viene el enfrentamiento con los españoles que los sume en la derrota y puede constituir para éste evento la primera infamia.
El relato en tercera persona procura la lejanía, pero al final el pintor cronista nos lleva por la tierra de los Timacuas, que admiten en su tribu un grupo de “hermafroditas” donde la amistad con el pintor Kututuka permite la fusión del arte entre las dos culturas, al momento en que mutuamente se pintan el cuerpo. Le Moyne dibujando sus convencionalismos y aceptando que el indígena fue mucho mas abstracto al estilizar caracoles, cuernos y escudos encuentra de mejor calidad sus pigmentos y su esencia.

Francois Dubois, pintor protestante nos habla de su profesión y de su llegada a París donde se educa y al final donde padece la Masacre de San Bartolomé, suceso cruento donde ultiman a su esposa e hijo nonato, con Coligny jefe de los Hugonotes, quien pasa a ser el primero de la matanza por parte de los católicos sin que sea necesario ni justificado el baño de sangre como todos los hechos salvajes de los hombres.
El autor nos describe desde el mismo cuadro en la voz del pintor, en una preciosa y necesaria primera persona que persuade nuestra memoria de las propias guerras inútiles por convicciones similares, donde el poder de las armas destripa sin pudor mujeres y niños. Encuentra el autor que la infamia no sólo ocurre acá y allá, sino en el mundo donde habite la especie humana.
Hermosa la apuesta erótica, donde en la repintura previa del cuadro, permite que Dubois conquiste a quien fuera la novia de Le Moyne.
El amor se disuelve en los ojos del gato hacia la nada. A la perdición del infierno.



Si la pregunta del autor al concebir el libro, fue el origen de la violencia del hombre estamos en consonancia.

A su tríptico también llegamos con el temor hacia todo lo premiado en nuestro medio, pero aquí se justifica el aplauso.
Como decíamos son tres los pintores encargados de narrarnos los episodios criminales del siglo XVI.
De Bry es además editor y grabador y quien produce el compendio del relato, tanto en la elaboración del libro histórico como en su ilustración y la redondez de la novela.

España pone la queresa de su ambición en la piel pura y lustrosa del indígena.
De otro lado están las "guerras religosas”, inútiles pero voraces de poder.
Católicos contra protestantes.
Los primeros se ingenian la forma macabra de establecer la matanza humana para agradar a dios.
Con Le Moyne y sus dibujos, el autor reconstruye con palabras el color de la masacre cuando los hugonotes pretendieron conquistar con respeto los indios de las “tierras floridas”.
La crueldad sangrienta ya está abarrotada en la memoria con las montañas de cadáveres de la cual sólo pueden surgir los deseos de venganza  en las nuevas generaciones para responder el interrogante.
Dubois es el narrador de la Masacre de San Bartolomé, en París reflejada en su único cuadro donde los hugonotes son destripados con sus mujeres preñadas, acusadas de herejes. Gana la novia del primer pintor y son felices con su gato hasta ese día en que el propio Rey organiza la matanza. Al final el gato muerto es recuperado  para la historia dentro de una jaula en la colina.

Creo que el autor no soportó la ignominia relatada en las pinturas de De Bry al ilustrar la Brevísima relación de la destrucción de la Indias  escritas por el cura arrepentido Bartolomé de las Casas y los grabados en cobre del texto y debió lanzarse a las calles de su propia ficción en Lieja y Frankfort en la realidad real, para seguir los pasos y comunicarse con el propio pintor y ser autor, narrador y personaje en natural atrevimiento, que nos llena de dolor al poder ver con los grabados del muerto el desgraciado color de la masacre de nuestros antepasados. No la creo apta para quien desconozca la sangre y el crimen de nuestras historias fundacionales. Es un aporte a la historia de nuestros pueblos que se puede seguir desde los mismos adminículos electrónicos.


Marco Polo

Altillo de Villanova
Bogotá 17 de Octubre de 2015.


lunes, 12 de octubre de 2015

EL ARTE NO TIENE NACIONALIDAD

Eugenia Castaño poeta 


https://youtu.be/D-c3vwGBVmk






"Eugenia Castaño tal vez no provenga de este planeta. O por lo menos no pertenece a estos tiempos que corren. Su modo de descubrir y describir lo que la rodea nada tiene en común con el vértigo y el bullicio de nuestras vidas cotidianas. Hay en ella y en su cadencia de escritura, un compás que nos remite a los poetas de antaño, aquellos que sabían que el secreto de su arte radicaba en saber contemplar silenciosa y atentamente el devenir del mundo. 
Sus poesías indagan y nos llevan a reflexionar sobre los senti- mientos más hondos e invisibles del ser humano: el amor al padre, la revalorización de la pareja por encima de ocasionales sinsabores: 
“Si se siembra la duda en el corazón,
más vale recordar cuanto camino hay recorrido.
la desnudez de los cuerpos y las almas, el respeto y el amor a los mayores: 
“Enséñame como llegar hasta donde tú has llegado.
¿Qué debo hacer para tener el derecho de ver más primaveras?”
Eugenia Castaño nos invita desde sus versos a recordar lo perdido, a resignificar lo olvidado, a rellenar lo que creíamos hueco. Nos propone volver el tiempo atrás, liberarnos de cargas y precon- ceptos para así mirarnos nuevamente con la pureza e inocencia con que alguna vez supimos hacerlo. No es casual que una de las poesías de este libro se titule “Volvamos a jugar”, y que en ella la poeta nos invite a caminar tomados de su mano, a ser niños y a entender la magia del juego por el juego mismo. 
Tal vez allí radique parte del misterio del arte de Eugenia Castaño: en su capacidad para amalgamar la sabiduría de los poetas que nos precedieron con la frescura de los niños que podemos volver a ser. Todo visto por una mirada reposada, atenta y por momentos también sabia; escrito con palabras viejas y a la vez nuevas; relatado por una voz cristalina, ajena al apuro y vulgaridad cotidianas. La mirada, la palabra y la voz de la poeta Eugenia Castaño. 
Pablo Di Marco 
Escritor y Novelista Buenos Aires Argentina 2014 "


Marco Polo
Altillo de Villanova
Octubre 12 de 2015



jueves, 1 de octubre de 2015

VIII ENCUENTRO DE LA CULTURA EN CAMPOALEGRE HUILA



ARMAS DE JUEGO PARA LA PAZ



Dos interrogantes me formulé hace mas de veinte años cuando comencé a escribir la novela ARMAS DE JUEGO:

El por qué los colombianos somos tan violentos.
Y qué podía un humilde huilense legar a su querido Departamento.

Lo primero requería una verdadera introspección del ser nacional.
Lo segundo era el final de aquel pretendido estudio, vuelto una novela.
Con toda la enjundia que requería el tema, procuré ir lentamente en la búsqueda del ser huilense, que me llevara a conocerme mejor y conocer a mi país, luego de tanta experiencia como Juez de la República, que me enseñara esa primera razón.
La de carencia de memoria y justicia para nuestro pueblo.

Por supuesto que una novela no es la solución de los problemas políticos, económicos y sociales.
Pero puede ser la luz que aclare el camino a seguir a partir de eso que los griegos conocieron como la catarsis social.
Y el conócete a ti mismo, es el punto de partida humilde para comenzar a dar al otro, nuestra experiencia.
¿Que me movía a la respuesta de encontrar el por qué de nuestra violencia? Precisamente el saber y experimentar que los huilenses ya olvidamos la historia.
De ahí que haya resumido con precisión mi libro, así:

“Al comenzar la década del setenta, un adolescente rescatará para su hermano la memoria del pueblo. Memoria que a lo mejor nos aclare la causalidad de la guerra sentida de reojo por dos niños, a finales de los años cincuenta y los sesenta”.

Hemos olvidado nuestra historia.
La originaria de dos pueblos como Gigante, como Garzón.
Gigante aquella historia de la ilustración liberal, que se desarrolló en nuestro país hasta el siglo XIX, cuando la experiencia de un Reynaldo Matiz por el desarrollo popular, la libertad y la equidad social, tuvo la continuidad del presidente LIBERAL que caminó éstos caminos poblados del iguá, de ceibas, de samanes y de música alegre que no ha dejando de cantar desde Alberto Osorio hasta el Hijuelapo y los Bajacocos.  





No podía ser otro que JOSE HILARIO LOPEZ, el que estampó su firma en la Ley que ABOLIO LA ESCLAVITUD 16 años antes de que lo hiciera HABRAHAM LICOLN en USA. Y mientras aquel está sentado como un gigante frente a la historia de ese país, nuestro presidente liberal ha sido borrado de la memoria de los huilenses y los colombianos.
Sus ideas fueron sepultadas con la Regeneración conservadora en mi pueblo y en éste, y en toda nuestra nación, llevándonos a un retroceso de mas de 100 años.
Porque aquí en éste Campoalegre liberal murió y fue enterrado JOSE HILARIO LOPEZ  el casado con Dorotea la giganteña.
No era el papado de Bergoglio. Nuestros altos prelados eran los jefes de la política nacional.
Monseñor Esteban Rojas Tobar desde Garzón, entrañaba el poder clerical que no permitió siquiera enterrarlo en el cementerio cristiano, por ser LIBERAL, cuando según el SYLABUS de Roma de la época, “SER LIBERAL ERA PECADO MORTAL”.
Con mi novela pretendo revivir ese presidente liberal, por medio del recuerdo de dos pueblos. Gigante y Garzón.



Y volver aquí, donde está sepultado JOSE HILARIO LOPEZ de forma clandestina y pedirle a sus ilustres liberales de hoy, que colaboren para encontrar sus cenizas y reubicarlas en el altar que se merece.
El ALTAR DE LOS LIBERALES que es éste pueblo. Para que viva otra vez.
Aunque he pensado que en mi pueblo, Gigante, debe descender del pedestal quien sucediera a Esteban Rojas Tobar. El Arzobispo primado de los años de la violencia, ISMAEL PERDOMO BORRERO perseguidor de liberales y ceder el pedestal, al único presidente que no solo hizo gigante mi pueblo y mi patria y su ceiba, sino al iluminismo liberal de la REVOLUCIÓN FRANCESA, que fue borrado en tan solo Mil días, en esa aciaga batalla de MATAMUNDO ocurrida a la entrada de Neiva frente al rio del Oro, y por la cual, la mayoría de nuestros políticos siguen siendo CONSERVADORES de su fétido olor a muerte.
En una página cuento en la novela, ése legado de JOSE HILARIO LOPEZ que debiera ser recuperado de las cenizas perdidas del pensador huilense en éste pueblo:



“La abolición de la esclavitud, la separación del estado y la iglesia, la abolición del monopolio del tabaco, la educación laica, el juzgamiento con jurados, la proscripción de la pena de muerte para los delitos políticos y la Comisión Coreográfica”.

Pero fuera de éste tema exclusivo e histórico, ARMAS DE JUEGO es la historia de dos niños de familia disfuncional, como muchas de las de hoy.  Que se educaron con las armas de la vida y que tuvieron para jugar sus ARMAS DE JUEGO, que a lo mejor fueron las causantes  de ésta guerra que debemos acabar de una buena vez, porque es negocio de ex presidentes disfrazados, o “regenerados” del siglo XIX, propietarios de las tierras mas productivas de Colombia, intocadas y en crecimiento diario, tierras ubérrimas, que no van a ser inundadas jamás por ningún Quimbo,  como ocurrió con las tierras de mis paisanos y mis antepasados en Gigante, donde las vegas de mis ancestros de LA HONDA, primer nombre de Gigante, con su cacao y sus plátanos fueron anegadas por el contrato de un ex presidente y sus políticos alcahuetes del Huila.  Hoy tienen la desvergüenza de venir otra vez a éstas tierras de gentes cálidas y duras a pedir de nuevo su voto.
QUE DESCARO!!!
Esa es una de las razones por las que somos violentos.
Pero no tragamos entero.
Porque a esos señores feudales que quieren enterrar mas profundo a los únicos héroes liberales con el cuento de la guerra, les debemos gritar que se vayan a su tierra. Que no queremos más guerra. Que tenemos derecho a la alegría de Campoalegre.
Que Campoalegre es terreno de Paz.

Marco Polo.

Altillo de Villanova
Bogotá D.C.
Campoalegre 24-25 y 26 de septiembre de 2015
VIII encuentro de la Cultura Huilense.