viernes, 17 de julio de 2015

ARMAS PARA DEJAR DE CHATEAR



Reflexión de San Agustín




(Hace 23 años recién publicado mi libro de cuentos “Cuarto de amor discreto”, un Fiscal, Compañero de orden público, me retaba al preguntar, por qué escribía cuentos si ya su paisano Gabriel García había recibido el premio nobel. Hoy en ésta reflexión sobre “Armas de Juego” mi novela, pretendo responderle).

Había una vez en éste país, un escritor tan grande que borró cualquier autor posterior a su obra en un largo lapso de años.
Salidos de aquel abismo, quedamos los condenados a escribir sin premio alguno.
Y de qué escribir, pensábamos, hace unos cuarenta y mas años.
La fórmula era la tercera persona decimonónica, la de los novelistas franceses y los mundos supuestamente creados, que al final eran el mundo real del autor pero  llevaban disimulado el nombre de un falso pueblo.
Toda una falsa ficción, la que se nos obligaba a repetir.
Nuestra rebeldía perpetua se negó a hacerlo. 
Muchos dejaron de escribir por eso y nunca volvieron a intentar publicar la obra que martirizaba su interior.
Si volvemos a la condena, que es la necesidad de escribir, debimos revisar las viejas cuartillas escritas en cuadernos de escuela, como los “Tacuinis” chinos mágicos, para adivinar el futuro, donde escondimos nuestro rudimentario tesoro lleno de páginas sobre qué escribir, para cuando pasara el desastre del realismo mágico. El propio autor premiado reconoció que de su obra trascenderá la que tiene pies en la tierra.

Entendimos que la cultura y los libros y las historias son un palimpsesto de la vida. Se nutre de la vida y la historia cultural, capa tras capa.
Entonces volvimos a la humildad de Antón Chejov reconocido como el mejor escritor de cuentos moderno y resolvimos quedarnos con su fórmula popular: “Pinta tu aldea y pintarás el universo”.
Pero también recurrimos al más académico de todos los cuentistas, nunca premiado con el nobel y nunca superficial y quien enseñaba en lenguaje mas docto, porque pese a su ceguera pudo ver más que muchos escritores premiados, que todo lo que se escribe en los libros que se escriban, no es otra cosa que “nuestro rostro” recogido en esos pequeños cristales de espejo quebrado.
Entendimos que la literatura tiene su origen en la necesidad de contar. Y lo que se cuenta es la necesidad. Tan antiguo como el hombre que sin palabras aún, debió dibujar el bisonte para poderlo cazar. El resto tenía que ver con lo actual, con la forma que adoptaríamos para escribir éste libro, ya resumido por títulos de cada capítulo en los viejos cuadernos aludidos.
¿Tendríamos  aún la frescura del año 72 para recuperar los recuerdos?
Como dije, esos recuerdos estaban casi escritos en los cuadernos mágicos guardados por cuarenta y un años.
Por eso en los años de la recuperación de los recuerdos, debí participar en un concurso de cuentos que me indicara si la gente entendía aún lo que trataba de contarles. Y sí. Fui elegido con 16 más,  de entre 427 escritores, para hacer parte del libro “ Para no olvidar el rastro” publicado por la Onu, Unaín y Dos mundos.

Luego, sólo debía encontrar la forma, la armazón, la argucia para contar aquello y resuelto el asunto de lo que escribiría que no era otra cosa que sobre “Mi aldea”, me propuse publicar mi primera novela haciendo de cada capítulo un cuento, ese cuento  eterno que se iniciara escrito con Bocaccio, que fuera hijo de las mil y una noches y de la Odisea, o de los cuentos fantásticos del porteño, el cuento de nuestra provincia, donde se pudiera contar aún, que somos hijos de un pueblo escultor, que sin hablar, contaba cuentos del mas allá y sucesos vitales de todos los hombres del mundo en el momento crucial, que era la vida del ser  mas violento de la naturaleza: El hombre, el colombiano de cualquiera de nuestros pueblos del Huila.


Cuentos de piedra

Sin querer ser presuntuoso y si abierto, diría que  este libro toma su idea corporal en la forma de una novela de un latinoamericano del sur que no tuvo hígado para culminar toda su obra tan salvaje como su vida o de otro cuyo cuento se hace ceniza. Y a su vez, de la forma de un Francés, del libro con un título tan sugestivo como irónico: “La vida instrucciones de uso”. Pero todo lo había resumido en su frase, Borges. Que son pedazos de un edificio, donde las cosas casi cuentan las historias de sus habitantes. Pero también de la actualidad, de la atrevida forma de Vallejo el paisa, que resolvió en contra de Gabriel García escribir en primera persona, como un valiente, cual si se desnudara para el mundo. O de otro paisa, que cual testimoniante refiere como sintió la muerte de su padre. Del alemán, que se negó a seguir creciendo en medio de la guerra. O del eterno irlandés que hace de los sucesos de un día una obra de casi ochocientas páginas y propone un juego a sus amigos para descifrarlo. O del otro francés que nos enseña el método eterno de buscar los recuerdos. O llegando al principio, los cuentos de los abuelos, nuestros cuentos de miedo para las horas nocturnas, con matones pasando a nuestro lado, o los comics que antecedieron la televisión ?

Este es un libro nacido de la vida y de los libros.
Todos. Cada uno tiene aquí su pequeña cuota de admiración.
Pero como lo han dicho lectores comunes y avezados, en éste libro se encuentran los colombianos. Una época recuperada de nuestra historia. El origen de la actual violencia, pese a que su historia no es otra cosa que la historia de dos niños y muchas familias que podemos resumir así como dice el pendón, que abandoné en el maletero del carro:

“Al comenzar la década del setenta, un adolescente rescatará para su hermano la memoria del pueblo. Memoria que a lo mejor nos aclare la causalidad de la guerra sentida de reojo por dos niños, a finales de los años cincuenta y los sesenta”.



Estrecho del Yuma

Y volviendo al sabio ciego que sólo se jactó de lo que había leído, cómo me gustaría que se acabaran los corruptos concursos literarios y mas bien, volviéramos  a mirar la luz en la lectura. He pensado que la salvación en nuestro país está en la lectura, en los libros. Que debiéramos llenar la patria con concursos de lectura y dar premios por ello.

Este libro es la recuperación de la memoria histórica de nuestro pueblo huilense para contarla de nuevo a nuestros hijos. A los jóvenes de la era digital que se rompen los pulgares contra un pequeño adminículo electrónico, chateando el juego, el sonido y la comunicación porque no tienen historia, ni quieren saber quien es Mandela, porque carecieron de nuestra etapa dura, sufrida pero creativa, del ejercicio, elaboración y lectura de nuestras ARMAS DE JUEGO.

Marco Polo
Altillo de Villanova
Bogotá D.C.
Noviembre 17 de 2014

viernes, 10 de julio de 2015

DE NUEVO BANVILLE



“El pasado late en mi interior como un segundo corazón”





EL MAR

Que llevó a Banville, del Man Booker, al Príncipe de Asturias

Un hombre viudo con una hija, resuelve regresar al lugar de veraneo, donde conoció sus dioses.
Una familia de mayores recursos económicos frente a la suya de la que se llega a avergonzar, sobre todo, luego del abandono del padre.
Allí  en ese país de su infancia, recuerda la atracción pecaminosa, no con Chloe la hija, sino con la señora Grace la madre, de quien recibe en la playa la posibilidad de dejarse penetrar por su mirada hasta la intimidad y de quien alguna vez recibe algún abrazo comprometedor.
Pareciera el inicio de su final novela,  Antigüa luz” donde de manera desenfadada y abierta el adolescente ejerce el sexo con la mujer mayor. Recurrido tema que aquí es naciente, límpido y no muy atrevido.
Debido a ello, la novela no es clara, fácil. Atrapante.

Las descripciones de las cosas internas y externas revuelven en el presente y el pasado el dolor, y la teoría del recuerdo, hacen del texto una especie de relato cercano a lo poético dejando de lado las preocupaciones del movimiento de la trama.
Cercenando la acción externa por lo interior.
Se nota la timidez frente al último libro que también reseñáramos en LITERATURA Y MISTELA y en el que libera su palabra produciendo un gran brecha de luz.
Aquí es más oscuro, más cauto, por la falta de arresto que la poesía diluye, licuando en tres o cuatro sucesos básicos, la muerte, la soledad culposa del hombre y el necesario y perenne pasado tan vital.
Su descripción tiene que ver con los colores que mezcla en su paleta de pintor, con sus escorzos, perfiles, angulosidades, movimientos y textura de claridad.

Son dos muertes sentidas por el mar o cerca del mar.

¿La falsa apreciación del niño permitió el desenlace de Chloe?
Ese nombre a lo mejor tomado de Longo, por aquello de ser la bildumsroman del ejercicio material del amor, parecía llevarnos al recuerdo de esa hermosa novela pastoril griega, ese preciso día, en que lo obligaba a llegar al fondo su impetuosa necesidad.
Las descripciones de lo humano, son comparaciones poéticas de las cosas. Como si delirara por el alcohol. Como si quisiera sumergirse  en la botella para llegar a la placidez del olvido de ese mar que le dio y quitó esos dioses aparecidos en la infancia y que nunca podrán abandonar al hombre.

¿Su relación madura no es acaso una farsa para ocultar la soledad ejercida desde la infancia?
El cinismo de tal relación ni siquiera es maligna, o negativa sino lo único con lo que el ser humano logra mitigar la falencia de ser un aprendiz, nunca el profesional de la vida. Esa que no permite el error, la que no trae manual porque se produce de una sola y definitiva vez y el regreso atrás, solo se puede dar con el recuerdo.

Al liberarnos o ser presa de la viudez, los impulsos nos llevan otra vez allá, a la infancia donde tuvimos la oportunidad de tocar el cielo, que junto al mar, se ubican en la misma línea del horizonte y que no sentimos que nos quita, sino que nos da.

Marco Polo
Altillo de Villanova
Bogotá  10 de Julio de 2015.

jueves, 2 de julio de 2015

SEPTIMAZO SALVADO




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Allí se ve, pálido el ladrillo del panóptico teñido por los últimos espectros de los reos que siguen implorando justicia  a los falsos siglos de emancipados.

El costado sur del frente lo preside el busto del pintor y escultor Epifanio Garay y casi a la entrada, el matusalénico sietecueros que pese a su inclinación sobre el caminante, no puede dejar de emitir su color violeta para alegría del que se detiene frente las inmensas banderas.



Nuestra primera sorpresa no pudo ser otra que la de estar entrando al recinto de nuestra historia un jueves y por ello, no por la edad, ser eximido del pago del boleto entregado gratis y con guía para cubrir la exposición Temporal de Pintura: “El encuentro de México y Colombia”.
En verdad nos impregnó de alegría.



La joven guía egresada de artes de los Andes, nos lleva de la mano por Débora Arango en simulada congruencia epistolar con Emilio Baz Viaud y Jose María Velasco con Ramón Torres Méndez o Botero con Jorge González Camarena, o Alvaro Barrios con Eleonora Carrington o David Alfaro Siqueiros con Pedro Nel Gómez y Luis Alberto Acuña con Rómulo Rozo  donde juega el paisaje, el costumbrismo, el retrato y la figura humana, con lo onírico, la escultura de los años veinte y treinta del siglo pasado, el bodegón y la expresión de los matices políticos que transmitían éstas hermosas obras. 

Los dos primeros, un cuadro de Emilio Baz y otro de Siqueiros:






Tomamos de carrera la evidencia de lo mas notorio con nuestro teléfono, porque cautos, no llevamos cámaras al centro.






















La acuarela de Débora Arango donde se nota el  estilo directo de la mezcla de la pintura sobre el mismo cuadro, que en apariencia lo ensucia. Y los retratos de sus empleados, en demostración de que existen para el mundo del arte del siglo pasado unos nuevos “héroes”, diferentes de los concebidos por la burguesía.


Igual concepto, tomado de la revolución mexicana se nota en la escultura  de Luis Alberto Acuña Tapias con su campesina o el de sus pequeñas venus colombianas en cerámica, personajes nacionales elaboradas con la piel de la arcilla.





























Tambien nos llamó la atención otra Frida Khalo, la que fuera de sus sufrimientos también posee familia y hace un retrato de una sobrina.



Pero fue impresionante la vida y obra de una gran mujer inglesa, Eleonora Carrington quien deja su impronta de rebeldía perpetua en su madurez, donde reelabora su infancia, en la nueva américa a la que viajó luego de estar en el centro del surrealismo con Max Ernst con quien convivió declarándose mas bien feminista que el juguete de aquel movimiento, llegando a  nuestros pintores con Alvaro Barrios.















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Terminado el tour de la exposición vino la última sorpresa, mas irreal que la gratuidad del boleto.

Pasamos a  una sala de pintura con una gran mesa para el efecto, donde el país invitado, en éste evento México, nos invitó un refrigerio nacional.
Una tortilla dulce de queso y la refrescante bebida de Flor de Jamaica con el fondo musical en la voz de Chabela Vargas y un mariachi y el obsequio de las Cartas Imaginadas entre el grupo de pintores, en hermosas postales interactivas con pegatinas para ubicar como sellos de correo.

El septimazo fue salvado por el plan popular del Museo Nacional, que seguimos recorriendo ahora con premura, para volver a traer la imagen de los menos reconocidos  Bolívar y Nariño y el retrato de Rafael Pombo vestido de niña.













































Y la Ley sobre la LIBERTAD DE LOS ESCLAVOS suscrita por Jose Hilario López de la que se hablara en ARMAS DE JUEGO.






























No podíamos menos que despedirnos del brevo milenario con su farol de luna, sintiendo una extraña incredulidad en ese atardecer nostálgico.




Esa Bogotá que se nos ha ido volviendo tan brumosa de alegrías, como si estuvieran reinándo aún los chapetones que quisieran borrar nuestros siempre recordados SEPTIMAZOS de otras épocas.

Marco Polo
Altillo de Villanova
Bogotá D.C.
28 de mayo-2 de julio de 2015