miércoles, 22 de abril de 2015

LOS ESCRITORES OPINAN DE



Armas de

JUEGO


      




 “ARMAS DE JUEGO es un libro fuera de serie, complicado, tierno,  múltiple, trabajado deliberadamente como un desafío al arte de narrar”.
                                                                           FERNANDO SOTO APARICIO


“La memoria, que tanto nos encadena con la nostalgia, también nos libera con su limpieza. Instrumento utilizado por Proust para componer “En busca del tiempo perdido”. Es también el instrumento de Marco Polo en su novela “Armas de juego”.   La utiliza para develar la existencia del ser humano”.
                                                                                   JORGE GUEBELY.


“Estaba la vida mía, puesta allí, como si yo me sintiera protagonista del libro que es una gran verdad del libro. Yo estoy ahí, yo estoy mirando lo mismo que está mirando el autor(...)
Y aquí uno se queda con sus páginas en la mitad  del corazón”.

                                                                                  CARLOS ORLANDO PARDO.


“La retoma de estructuras acuñadas en los orígenes de la narrativa occidental(…)la dota de actualidad, de libertad, de un sentido de cruce de caminos y de artificio lúdico”.
                                                                                  HEIDER ROJAS.


“Armas de Juego es también un inagotable ejercicio de escritura, un intento desbordado por captar la comedia humana en el tiempo, un tiempo que fluye y fluye en la memoria y los sueños, la historia y la fábula”.
                                                                                  GUILLERMO MARTINEZ G

jueves, 16 de abril de 2015

LA SED DE FERNANDO SOTO APARICIO

                     



                       https://www.youtube.com/watch?v=hy_z_-MSQgU&feature=





La sed del agua

Es la última alegoría del maestro Fernando Soto Aparicio, que como sumo sacerdote produce ésta obra para pintarnos la luz y la oscuridad, e incitarnos a terciar por la salvación del hombre, de la tierra, de la bondad.
En su presentación el mismo lo admite, este libro, es una declaración de fe.
Luego de presentarnos el libro de papel en general, con su calidez y su inmortalidad nos lleva a incursionar por su última oración dirigida al infante.
Porque el libro es un canto al pequeño habitante de la tierra en destrucción.
El poeta asume cual profeta de la vida, la palabra y con cuatro personajes que encarnan la tierra y el cosmos va con los adolescentes, por los senderos oscuros y los tiempos perdidos de la violencia del hombre, procurando la luz para dos de sus pupilos Ara y Tito, dos humanos que acompañan al poeta en la historia sin fin que cambie el odio por el amor. El recorrido por lugares que forman la piel del americano, alude a veces los círculos del poeta italiano, con los senderos de los Mayas, de los Incas, de los propios Arhuacos, donde las voces de los mámas concluyen la oración por la vida y los valores del ser. Este viaje a los misterios americanos, me remite además, al misterio de San Agustín, donde la escultura habla al hombre, de la vida y la muerte. Porque se trata de la misma música vuelta energía vegetal surgiendo de la tierra, vivificando a quien posa su pie sobre ella, formando comunión universal con todas las razas, del norte al sur.
Las guerras  y la destrucción pueden ser borradas de la faz de la tierra ejerciendo la cátedra del amor.
Diría que éste es el legado de un hombre eterno, que cual máma ha recorrido la tierra de sus ancestros para plasmar en la frente de los niños su obligación con la salvación de su hogar que llamamos tierra.
Lo esotérico se une a lo fervoroso de lo humano para elevar una plegaria al altar de la luz y llevar de la mano al niño para iniciarlo con su propia acción en la salvación de su mundo.
El verdadero legado del poeta es imponer a los niños,  la obligación de salvarse salvando al otro.
Marco Polo
Altillo de Vilanova
Bogotá 16 de Abril de 2015

viernes, 10 de abril de 2015

FERNANDO SOTO APARICIO en LIBROS Y LETRAS.





UN LIBRO EXTRAÑO QUE ATRAPA AL LECTOR
FERNANDO SOTO APARICIO




Por Fernando Soto Aparicio/Bogotá.

Desde su título, este libro de Marco Polo inquieta al lector. Sabemos qué son las armas de fuego: las que hacen la guerra y siembran la desgracia y la violencia. Pero ¿las ARMAS DE JUEGO? Leyendo el libro, vemos que esas armas especiales son solamente el recuerdo y el ejercicio de recrearlo con palabras para salvarlo del olvido.


Para el lector, la obra de Marco Polo representa un desafío: porque el autor emplea todos los métodos narrativos, todas las formas de utilizar la palabra, de moldearla, recrearla, romperla y rehacerla. Utiliza todos los tiempos verbales, todas las formas y las voces y los pensamientos, y con ese bagaje múltiple va formando las memorias de una infancia que en los juegos empieza a madurarse hasta estallar cuando los sueños son abatidos por la realidad de lo cotidiano, del aquí y el ahora, con sus miserias y sus grandezas y su siempre mentirosa esperanza.


La escritura de esta novela forma una compleja y a veces difícil orquestación donde la memoria y el presente son hábilmente manejados para crear un ambiente extraño, que no tiene parangón en la literatura actual. Los títulos de los que llamaríamos capítulos inquietan, comprometen: Declaración sobre la muerte, Gritar el cariño, Los diablos no son rojos, Un libro es mi nombre para el viaje, Cantar entre Rejas, El origen de la alegría, Cómo volverse invisible, Instrucciones para volar, etc. 
ARMAS DE JUEGO es un libro fuera de serie, complicado, tierno, múltiple, trabajado deliberadamente como un desafío al arte de narrar. Y nos atrapa, porque querámoslo o no, todos somos los personajes que cruzan por las páginas de este libro ambicioso y total.
Abril 9 2015


domingo, 5 de abril de 2015

NOTA EN LIBROS Y LETRAS



Lecturas compartidas

Las armas no son un juego

Por Jorge Eliécer Pardo

Las armas de juego, de Marco Polo, Trilce Editores, Bogotá 2013, 380 páginas, es un enjundioso libro que combina múltiples estructuras narrativas. Me introduje como en un inmenso laberinto y me hallé devolviendo los pasos de mi infancia. Huila o cualquier departamento donde los niños eclosionan en historias locales y regionales para dar ese tinte universal que requiere la literatura.


Y si uno se pega a esa primera sentencia, que viaja por el libro cuento-novela, fragmentos, poesía, canción: “estoy muerto”, se da cuenta de que encontrará un texto sobre la guerra. Bien pudiéramos decir que el lenguaje de la crónica intuye una serie de sucesos en tiempo y espacio, pero no es así. Las referencias históricas, de personajes de nuestros manuales de próceres y antihéroes, no cubre esas hojas iniciales, no. Al aparecer la voz de la infancia, verosímil y poética, la literatura salva el avance de las iniciales 40 páginas. Y hay un nuevo nivel lingüístico en las croniquillas, en el lenguaje de Cervantes, donde pululan leyendas de pueblo, mitos del río. Enriquece el texto pero el lector quiere más de esos niños que somos todos y que alguna vez vimos esos paisajes en otros contornos. Van y vienen en un juego de escondidas, con evocaciones que tocan la piel y más abajo. Alcohol, juego politiquería y maltrato infantil se anuncian como final trágico. Nada más doloroso que agredir a un niño. Y nada más triste que narrarlo. Con los fragmentos, la novela no aparece completa, los personajes anunciados van y vienen y la estructura se anuncia en las primeras 61 páginas.

Entrecruzadas, nuevos hitos de la historia patria manidos para muchos y nuevas para la mayoría de los lectores de las actuales generaciones de jóvenes tan escasos en conocimientos de nuestra realidad. Sin ser literatura didáctica, el libro podría enseñar el devenir de nuestro Estado nación, como si escucháramos a los abuelos, en las noches de luna llena, narraciones de sus tiempos, dolores y alegrías.

“Cuando empiezan a aparecer cadáveres tasajeados en picadillo de bocachico en las labranzas a orillas de la carretera, quienes no tienen otra diversión diferente del cine que se presenta en el teatro Real, o los cafés de San Juanito asisten en grupos numerosos a observar los aparatosos y macabros levantamientos practicados por el inspector ignaro en asuntos judiciales pero ubicado a dedo en el cargo por el doctor Placer, desde la capital” (pp.72).
Bien hubiéramos escrito el mismo episodio en El Líbano, Tolima, mi pueblo, sólo cambiando algunas palabras:

   

                                                                              Marco Polo 

“Cuando empiezan a aparecer cadáveres tasajeados en picadillo de bocachico en las labranzas a orillas de la carretera, quienes no tienen otra diversión diferente del cine que se presenta en el teatro Andino, o el café Águila asisten en grupos numerosos a observar los aparatosos y macabros levantamientos practicados por el inspector ignaro en asuntos judiciales pero ubicado a dedo en el cargo por Desquite, desde la capital” (pp.72).

Nos hace rememorar en el tejido de la memoria histórica, que tanto hace falta en Colombia, sucesos que no han podio dejar en el olvido de las falsas amnistías, perdones y armisticios. Es, lo que he venido en llamar, la estética del horror. Trashumancia desde los ángulos de la perdida de identidad y, sobre todo, perdida niñez.
Marco Polo no le teme a la evocación, menos a la política, tampoco a contar su pequeño espacio de abuelos y padres, se arriesga y logra un buen libro en el marasmo y el riesgo con el tema. Valiente, avezado y buen escritor, este abogado sale bien librado con un libro que no solo exige sino que es guillotina para quienes intentan abordar lo escabroso de la niñez maltratada, de los éxodos y asesinatos, de la violencia partidista, de la sangre sin temerle a la crónica, a la manera de Roberto Bolaño.
A veces la historia novelada de Armas de juego se susurra al oído del lector, en primera, segunda, tercera personas. Nos dice las verdades literarias, que no son más que las del tiempo de este tiempo.
Erotismo y descubrimiento del amor y el sexo, en los flirteos de niñez, adolescencia y madurez.
Recrea música, literatura, filosofía, cine, política, coherencia y locura. No es un libro facilista, de esos que se contentan con una anécdota llana y aséptica sociológicamente. No. Es un libro digno de leerse por cucharadas: un fragmento, cerrar el libro y hacer una reflexión. Ahí está el sentido de la buena literatura. No avanza rápido como tantas novelas-guión, no te atrapa con datos escondidos. Juega con todo, lenguaje, palabras, estructuras, tiempos y gemelos, novias y amantes, asesinos y bondadosos. Rico en personajes.
Armas de juego, un texto para largos viajes y lentos amaneceres. Así me ocurrió con su lectura. Ahora comparto sensaciones que me dejó en su compañía.


El Nogal, septiembre de 2014