martes, 11 de noviembre de 2014

LAS GRISES FELICIDADES PERDIDAS DE MODIANO



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El nuevo nobel, Patrick Modiano dicen, tiene una música inconfundible al narrar.
Debe ser esa música que nos gusta tanto porque su duración es corta, como los discos de la balada de los sesenta.
Luego de haber leído DORA BRUDER el prototipo de su prosa, entendemos que su estilo es el de un escritor de cuentos. De historias cortas cuyo lenguaje es selectivo y su trama de igual manera sencilla, confundida entre el narrador y el dato en presente del autor. Es un buscador de pequeñas cosas, rastros, frases inacabadas. Insinuaciones totales como el buen cuento, donde lo que se dice es escaso y lo que se calla es la historia. Pero su objeto es acercar a nuestros días la memoria histórica de su Paris, como si estuviera escribiendo una crónica periodística.
Esa que se vuelve literatura.
Con escasos datos de un periódico de 1.941, el narrador busca los lugares, los registros de Dora Bruder, una jovencita que se fuga de su “pensión” donde se esconde, para luego caer en manos de los nazis y ser encarcelada como judía. Y en la prisión se supone encuentra al padre y en su compañía va a Auschwitz, con su pírrico secreto ignorado por los propios criminales y el lector.  Su dolor o la aventura de los días en que estuvo en libertad.
Considerada como su mejor novela, no deja de embargarnos al resolver su lectura, una profunda tristeza por el presentido final y el deseo de encontrar mas y mas detalles de ese mundo desaparecido que quiere volver a edificar el escritor.
El busca un “rastro” de la vida y solo encuentra registros con fechas, números sin vida. Palabras de alguna lejana persona con la que convivió unas horas o días, que no logran volver a dibujar un rostro, eso es lo doloroso. Calles desaparecidas, edificios que borraron los lugares frecuentados, los pasos que por allí cruzaron y que deben ser llenados con el propio recuerdo coincidente del escritor que dejó ir por esas calles su mirada al pasado en los ojos de quien fuera también un joven. Es una dolorosa vida compartida con quien ya no está, traída a cuento para no volver a olvidar. Sin padre, desolada en medio de la metralla y el odio o el temor de ser seleccionado. La ocupación de París y la colaboración de los policías que siempre defenderán un uniforme sin importar la gente o la patria.
La carencia de la historia de Dora la llena la propia historia desgarrada del autor quien sigue al niño por esas calles buscando la infancia desaparecida de ese otro yo que por muchos años seguirá girando en su cabeza, hasta que el lector le de otra vida.
“ ella se había paseado por allí, en esa zona que me hace rememorar citas de amor secretas, grises felicidades perdidas”.

Marco Polo
Altillo de Villanova
Bogotá D.C.
Noviembre 11 de 2014