martes, 20 de noviembre de 2012

PARA QUÉ LA JUSTICIA




Cuando asistía a clase de Derecho Internacional, percibí  que éste no existe más, que con el poder de las armas de los poderosos.
Al volver la cabeza a quienes fueron nuestros hermanos del istmo, vimos  I Took Panamá en nuestra debilidad.
Si regresamos por los caminos de la Vorágine y los Arana ejerciendo justicia, entendemos porqué la cola de la amazonía es tan lineal.
Es horroroso ver bombardear a los humildes del Cauca por unos fraticidas "revolucionarios", mientras un vecino nos muestra los dientes.
Un monje vuelto cayo hacia el norte hace incar la rodilla del gobernante que donó esas áridas rocas llenas de petróleo al "patriarca en Otoño" que cura el cáncer con dólares y poder.
Los nuevos esclavistas penetran nuestra manigua de la orinoquía, tras el cóltan que producirá un nuevo Bill Gates y a lo mejor otra frontera.
Las fuerzas "revolucionarias del pueblo" resuelven no atacar mas a los miserables y plantean nueva farsa publicitaria desde una isla que fuera enseña de la revolución, con una pirata de Holanda que asesinó niños en Bogotá.
La Corte Internacional de Injusticias de la Haya contradice el valor de los hombres que roban la tierra al océano,  y cohonesta el despojo del mar a unos débiles colombianos que no tienen armada, portaaviones, misiles, ni bomba H, mucho menos un "ejercito popular" que los defienda, contra el pederasta obtuso de Nicaragua.

Ni siquiera juzgamos a nuestros nacionales.

Una telenovela diaria es la justicia de los colombianos.

Cuando entenderemos que la falta de justicia provoca la pérdida  de la soberanía nacional.

Por fortuna ya murió el capo de Medellín, de lo contrario allí fraguaría la independencia con él, el otro mecías de los sátrapas.

Sin justicia, los pueblos se van a buscarla donde esté.

Nos hicieron creer en una justicia de papel.
Nos enseñaron las cosas al revés:

"Las armas os dieron la independencia. Las leyes os darán la libertad"

Se lee en él único pedazo de pared que no ha tocado la corrupción de gobernantes, políticos y magistrados.

Somos hijos de la patria boba.